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NOSOTRAS. Nuestra vida en relatos.

Un café con Baileys.

Bárbara se despierta poco antes de las ocho de la mañana. Le hubiese gustado estar un rato más en la cama, al abrigo de su edredón nórdico, pero tiene que terminar de colocar el equipaje tras la vuelta de las vacaciones, poner un par de lavadoras y dar una vuelta a la casa para dejarla apta para visitas. La visita a la hora del café es de confianza, pero no por ello va a permitir que la pereza se apodere de ella.

A las cuatro de la tarde, de manera puntual, llaman a la puerta Violeta y Alice que traen una bandeja de mini pastelitos y una botella de Baileys para reponer la que se terminaron la última vez. A las tres amigas les gusta tomar el café, en días especiales, con un chorrito de la citada bebida.

En la mesa baja del salón junto al sofá, está ya todo listo, a falta de colocar los pastelitos en el espacio central, para pasar un rato ameno poniéndose al día tras las vacaciones Navideñas.

Violeta no se ha terminado de quitar el abrigo cuando ya está incitando a Bárbara a que cuente qué tal fue el viaje junto a Jaime. Bárbara mientras sirve el café dejando un aroma de lo más acogedor en toda la estancia, comenta “a ver chicas, no hay nada importante que contar, ya sabéis que solo era el viaje de ida. Llegamos a mi pueblo donde me dejó y él prosiguió su camino hasta el suyo que está a unos 50 km del mío. No nos hemos vuelto a ver pues él iba a estar con su familia y yo con la mía. Además Jaime tenía que regresar antes a Madrid ya que empezaba a trabajar la semana pasada. Si lo que queréis saber es si la conversación durante el camino dejó datos relevantes, os diré que no, que fuimos hablando amigablemente de muchas cosas en general y de ninguna en particular”. “Ya ya, pero ¿y tú qué, qué piensas acerca de él en las distancias cortas y en la conversación? Siempre has sido muy de evaluar todo y necesitar justo lo que tuviste, un largo rato hablando agradablemente para poder emitir un juicio. ¿Cuál es?” Pregunta al instante Alice. Asumiendo que está en un callejón sin salida, Bárbara no tiene más opción que descubrir su veredicto “es tan atractivo como encantadoramente joven” y frena en seco para añadir mientras suspira “tiene 12 años menos que yo”. Ese dato junto con un ligero gesto de desilusión despeja las dudas de Alice y Violeta ante tanta reticencia por parte de Bárbara.

Violeta pone lo ojos en blanco y con tono recriminatorio dice “¿en serio vas a dar importancia a eso tú? ¡Bárbara, no te reconozco!”  A lo que contesta una Bárbara titubeante “pues la verdad es que nunca me ha importado, pero ahora que llegan tantos cambios a mi vida me pregunto si eso es lo que él estará buscando, no sé si encajaría en mi proyecto maternal. Algo hablamos al respecto y no mostró incomodidad alguna, la verdad. Es más, cada día me escribe para darme los buenos días y todas esas cosas tan bonitas en alguien interesado, pero no sé. Igual soy yo” y mientras se acerca Bárbara la taza para tomar un sorbo de café, Alice comenta “Justo iba a preguntarte acerca de ti y lo que tú quieres. Has hablado de tu proyecto maternal ¿quizás lo quieres vivir tú únicamente? Ya me entiendes” a lo que rápidamente dice “pues eso es lo que he estado cuestionándome todas las vacaciones, y creo que no tengo un guion establecido. En un principio me descuadró porque no esperaba nada de aquella cita, pasar un rato divertido, nada más y luego lo de la edad que me hizo preocuparme por él y porque no quisiera llevar a nadie a algo que no le apetezca y lo haga solo por el impulso del enamoramiento del inicio. Por otro lado, yo tengo claro que no voy a cambiar nada acerca de mi decisión. Conclusión, me he estado comiendo mucho la cabeza esto días, sí.” Bueno comienza consensuando Alice mientras pone su mano en la pierna de Bárbara cariñosamente “Igual merece la pena aplicar una vez más tu teoría. Dejemos que la vida fluya y nos indique el camino, ¿no? Que cada cual se responsabilice de sus decisiones.” “A mí me gusta la idea”, aplaudió Violeta. Y Bárbara respiró hundo y sonrió larga y serenamente.

Tras horas de conversación, Bárbara se encuentra mucho más en calma y menos crítica. Admitiendo feliz lo maravilloso que es compartir con sus amigas sus quebraderos de cabeza. Y es que un café con Baileys en el momento oportuno y en buena compañía, siempre ayuda a ver todo más claro.

MSonia Ruiz.

Si quieres leer todas las publicaciones de esta historia, las encontrarás en el apartado Relatos

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