Relatos

Os presento “NOSOTRAS. Nuestra vida en relatos” la de tres mujeres que van a acompañarnos semanalmente. Van a contarnos cómo transitan sus vidas, unas vidas que construyen cada día a su antojo y libremente, bueno todo lo libremente que les permite el entorno y circunstancias en que se desarrollan. Creen firmemente en aquello de “si la vida te da limones, haz limonada” tanto que no solo se ha convertido en uno de sus lemas sino además en su bebida favorita.

Si quieres saber todo de ellas no te pierdas cada jueves los breves relatos que publicaré.

  1. Conociendo a los personajes…

Bárbara: Ella es una mujer de 48 años de complexión media, estatura media, poder adquisitivo medio, del medio del montón. Así se define ella que suele decir que es una chica de medias. Y efectivamente lo es porque trabaja llevando la estadística y marketing de un negocio on-line que necesita de mejores números para mantenerse a flote. Es alegre, optimista, soñadora, pero con los pies en la tierra (bueno, a veces se eleva algunos centímetros del suelo) Y muy muy observadora.

Violeta: Ella es una mujer de 43 años, pelirroja de ojos verdes. Una mujer que no pasa desapercibida nunca. Alta y esbelta. Sus ojos rasgados parecen delatar su procedencia, pero nada más lejos de la realidad, ya que es de la zona más castiza de Madrid. Una de esas personas que se han quedado con los mejores genes de sus progenitores. Es alegre pero tímida, mucho. Sociable, pero solo con los que le han dado seguridad. Y justa, muy justa y muy humana también. Adora su trabajo diario con sus niños como ella los denomina. Es enfermera de pediatría.

Alice: Ella es una mujer de 36 años. Es alta de pelo castaño y ojos grandes. Dice que su sonrisa es su arma pues es luminosa y está enmarcada en unos labios perfectos que no necesitan de ningún labial para que todas las miradas vayan allí directamente. Alegre y espiritual, una mezcla que hace de ella una gran compañía. Estudió turismo y trabaja en una prestigiosa empresa de ocio nacional escribiendo en su revista y web. Se podría decir que es una urbanita empedernida pues se pasa los días correteando por la ciudad donde le toque trabajar esa semana, actualizando los mejores planes para poder recomendarlos, pero en realidad lo que más le gusta es cualquier propuesta donde la naturaleza sea la gran protagonista.

2. Una noche más por Madrid. Otro café para el domingo.

Violeta, Bárbara y Alice se conocen desde hace más de 10 años, cuando coincidieron en la universidad. Forman parte de un pequeño grupo de amigas que quedan una o dos veces al mes. Casi siempre menos de lo que les gustaría. Suelen ir de museos, teatro o algún evento “cultureta” como lo denomina Alice y luego salen de copas.

A Bárbara y Violeta esta es la parte del plan que más les gusta. Les encanta hacer trabajo de campo por las salas de Madrid, hay mucho material se dicen mientras se miran y sonríen. Bárbara da los primeros pasos siempre pues es la más lanzada y extrovertida. Violeta va por detrás, aunque cuando entra en faena, no hay modo de pararla.

Bárbara esa noche conoció a alguien con quien quedar el domingo para tomar café. Volvió al grupo y todas bromearon al respecto de su nueva adquisición. Violeta tenía, esta vez, al camarero totalmente entregado. Un chico alto, rubio, con melena algo alborotada y barba de varios días.

A la llamada del grupo, Violeta se despidió de él. Un domingo más ambas volvían a tener su cita para el café. Y es que en este grupo de amigas había un pacto “salen juntas y vuelven juntas, los ligues son para el café del domingo”.

3. Un picnic en El Retiro.

Bárbara, Alice y Violeta han quedado para inaugurar la temporada de reuniones al aire libre. Cada año se citan en El Retiro cuando la primavera trae un sol cálido y mejor temperatura, para almorzar bajo la sombra de alguno de los frondosos árboles que se presentan majestuosos a lo largo y ancho del parque.

A las 12 del mediodía, con puntualidad británica, se encuentran en la “Puerta de Felipe IV”. Bárbara lleva una mochila, considerablemente llena, de cuero desgastado, con ese estilo tan particular, tan suyo. Violeta carga una bolsa grande de algodón en el hombro, ecológica y delicadamente decorada con flores, tiene su firma. Alice lleva un pequeño cesto de mimbre del que se enamoró cuando lo vio en un catálogo on-line. Dos días después lo tenía en casa envuelto y presentado con un precioso lazo. Se lo había regalado su chico y hoy era el momento perfecto para estrenarlo, en el picnic anual con sus amigas.

Violeta tiene novedades importantes que compartir, había dicho el día previo por el chat grupal “Nosotras” sin dar más detalles. Chicas, este año me voy de viaje por México. A Violeta le gusta viajar sola y cada año elige un destino internacional que recorre a su antojo y ritmo para sus vacaciones de 3 semanas. Pero este año hay sorpresa, las dos primeras semanas las pasará allí con un antiguo compañero de trabajo que volvió a su tierra hace varios años y con quien quedó algo pendiente, según ella. La tercera semana se encontrará con su madre en México DF para pasar los últimos días y regresar a casa.

Bastante entusiasmadas Alice y Bárbara comienzan un interrogatorio sobre las intenciones de Violeta. Conocen la historia con su compañero de trabajo y las conversaciones un poco subidas de tono que mantenían por teléfono ya fuese de viva voz o por mensajes. En este momento deciden que ya han encontrado la zona perfecta, colocan las mantas sobre el tupido césped y empiezan a sacar de sus respectivos bolsos, el almuerzo y una botella con limonada, su trago preferido, sin dejar de hablar del tema que les ocupa. Ríen recordando las conversaciones de Violeta con Emil, quien en un principio siente un poco de vergüenza pero que pronto se suma y da juego. Ya están deseando que vuelva de sus vacaciones para quedar y saber de sus aventuras, pero eso será otro día.

4. Recordando los tiempos de universidad. Tacones fuera.

Alice sale de la ducha y elige el modelo que se pondrá para la cita con Violeta y Bárbara. En realidad, no tiene mucho que pensar, el negro siempre es la mejor opción para la noche.

¿Vestido o pantalón y blusa? piensa mientras se maquilla y seca el pelo. Finalmente saca de su ropero un vestido ligero con transparencias muy sugerente que desliza por su cuerpo. Selecciona los zapatos, se perfuma y ya está lista.

Hoy saldrán por el barrio de La Latina, recordando viejos tiempos de universidad, cuando prácticamente todos los viernes aterrizaban allí tras las clases e iniciaban el fin de semana sin demora y con los zapatos cargados para bailar buena parte de la noche.

“¡Hecho! Pues a las 22.30 horas en El Viajero” es el último mensaje en el chat grupal.

Violeta hace una parada ante el espejo de cuerpo entero que tiene en su habitación, para confirmar que su elección es la perfecta para hoy, coge las llaves y sale de casa.

Bárbara concluye su ritual particular poniéndose el labial que lleva usando desde hace más de 10 años, un clásico rojo que se puede decir que ya la define. Ha sido tema de conversación en múltiples ocasiones, sobre todo la última vez que viajaron un fin de semana juntas y no fueron capaces de cazarla con los labios desnudos. La conclusión fue que nadie nunca la ha visto sin él.

Entran en El Viajero donde picotean algo, charlan amenamente, tontean con cuatro chicos que hay en la mesa contigua y deciden cual será el siguiente local al que ir.

Un par de horas después están pidiendo una copa en la barra del “Bar La Feucha” donde tienen el privilegio de pedir canciones de las que a ellas les gustan sin tener que esperar una eternidad para disfrutarlas. Alaska, en cualquiera de sus etapas, suele ser su primera petición ya que a las tres las une la pasión por la música de Olvido Gara, le siguen peticiones como algún tema de Coldplay, A-Ha, Miss Caffeina, Sidonie, que van sonando a cada rato. Alice cierra la noche con su tema atemporal de Dorian “A cualquier otra parte” pues, aunque ni ella sabe por qué, esta canción es capaz de hacerla volar, soñar, crear, vivir, ser feliz plena y conscientemente por unos instantes más allá de cualquier realidad y refugiarse en cualquier otra parte.

Salen a la calle y paran un taxi que pasa con la luz verde. Las tres juntas vuelven a casa, en diferentes paradas eso sí, pero coincidiendo en el mismo primer gesto cuando cruzan el umbral de la puerta de sus respectivas casas, tacones fuera.

5. Las promesas están para cumplirse y los sueños para perseguirse.

Bárbara está trasteando por las redes sociales como cada día mientras se toma su primer café de la mañana junto a su tostada de pan integral con un chorrito de aceite de oliva. Para un instante a leer un post de los que ha encontrado y selecciona el botón compartir.

En un par de minutos suena en el chat grupal el aviso de la llegada del mensaje de Bárbara. -“Guapas, he encontrado un planazo de esos culturetas como tú los llamas @Alice. ¿Cómo os suena Toulouse-Lautrec y el espíritu de Montmartre?”.

A continuación, le sigue otro mensaje con la famosa imagen de “La Vie à Montmartre”, 1897 de Pierre Marie Louis Vidal y el enlace a la exposición con un pequeño extracto del texto completo “Esta exposición quiere compartir con el público el irresistible encanto de un momento único en los últimos ciento cincuenta años de la historia europea. París, Montmartre, el Moulin de la Galette, la absenta, Le Chat Noir, los espectáculos de cabaré y de circo, las revistas humorísticas, las litografías con grandes imágenes en color, el teatro de sombras chinescas, los vestidos de volantes y los sombreros de copa…” y ahí se corta, momento en el que Alice se queda con ganas de más y entra en el enlace.

Alice, emocionada, responde rápidamente con un “¿cuándo vamos? Propongo este miércoles por la tarde”

Dos días después, Bárbara, Alice y Violeta están en la puerta de Caixa Forum Madrid sentadas delante del jardín vertical y comentando la exposición que acaban de ver. La conclusión más general ha sido que les ha encantado, pero lo más emocionante quizás sea que las ha llevado a rememorar el viaje de 4 días que juntas hicieron años atrás a París. Se alojaron en un pequeño y pintoresco hotel a escasos metros del Moulin Rouge.

Visitaron lugares obligados de París, aunque en realidad fueron de paso porque las tres ya conocían la ciudad y alrededores y en ese viaje les apetecía pasear y perderse por ese maravilloso barrio tan bohemio que les había enamorado cuando cada una por su parte estuvo allí.

“La vida allí se antoja ciertamente más calmada y especial, seguramente esa percepción sea principalmente porque estás de vacaciones, pero no se puede obviar que cuando paseas por las calles de lugares que sientes familiares porque forman parte del escenario de tus películas favoritas, ayuda mucho a sentirse bien, serena, ilusionada, especial… FELIZ. Reflexión que aporta a la conversación Violeta, y es que una de las películas que ocupa el podio en su lista cinéfila es Amélie.

Recuerdan la última parada que hicieron en aquel viaje antes de recoger las maletas y volver a Madrid. Sentadas en la escalinata que está a los pies de la Basílica del Sacré Coeur, decidieron bajar hasta e tiovivo (el mismo que sale en la película, sí) se fotografiaron y se prometieron que las oportunidades no las dejarían escapar, las de ser ellas mismas y perseguir sus sueños, claro y es que ya lo dice Amélie Poulain “La suerte es como el Tour de Francia, lo esperas todo el año y luego pasa rápido. Las oportunidades hay que atraparlas deprisa, sin dudar.

6. Siempre hay una pieza que te devuelve la sonrisa y el brillo en los ojos.

Son las 6 de la tarde de un caluroso sábado que, por el cielo y la pesadez en el ambiente, parece anunciar un chaparrón veraniego en breve. Violeta ha cogido el metro y se baja en la parada de Delicias. Fuera de la boca de metro de la estación ha quedado con Bárbara y juntas van caminando hasta El Museo del Ferrocarril de Madrid donde periódicamente montan EL Mercado de Motores, una feria que les encanta. En la locomotora decorativa que hay cerca de la entrada está Alice esperándolas, mirando inquieta hacia el cielo que ha tornado de azul a grisáceo, lleno de nubes oscuras. Se saludan y de repente comienza a llover intensamente. Corriendo llegan en pocos segundos al interior y la sensación de hogar que las embarga les hace olvidar la incomodidad de ir ligeramente mojadas. Allí se sienten casi como en casa pues posiblemente es uno de los lugares a los que más han ido de la ciudad sin contar sus respectivos puestos de trabajo, claro. Esa mezcla entre la melancolía de imaginar la época en que la gente usaba los vagones de los trenes allí expuesto, los artículos con aire vintage en los puestos que montan en los andenes laterales y la “nueva” modernidad cool de los foodtrucks crea una combinación de lo más auténtica y atractiva.

Para Violeta tiene un ingrediente añadido que lo hace más especial aún, allí conoció a su chico, con quien mantiene una complicada relación a distancia, pues al poco de conocerse, le ofrecieron una gran oportunidad laboral en Nueva York como corresponsal.

Recorren toda la estación parándose en cada puesto a ver si encuentran alguna novedad interesante. Se asoman a ver si ha dejado de llover y salen a la zona de puestos al aire libre. Hoy han decidido que las tres se comerán un gofre con helado cubierto de chocolate fundido. “Lo mejor de aquí son los gofres” dice Alice que nunca se marcha sin haber comido uno y añade “en este puesto los hacen de muchos tipos y sabores diferentes, es imposible resistirse mientras lo mira con gesto de pecado capital”.

En ese momento suena el teléfono de Violeta quien se aparta ligeramente de Bárbara y Alice y mantiene una breve pero intensa conversación. Cuando vuelve al grupo con un tono de voz considerablemente alterado informa a sus amigas de que Bruno por tercera vez ha cancelado su visita a Madrid y que son más de 6 meses sin verse. Se termina el gofre en un par de bocados y anuncia que necesita respirar profundo y quitarse el cabreo y es que ella no es del tipo de mujer que permite que los hombres le amarguen la vida. Bárbara y Alice cogen la indirecta y las tres amigas se encaminan hacia el puesto de Violeta por excelencia. Violeta elige un vestido (otro más en su larga colección pues son su perdición) de estilo boho – chic con un aire hippie, sí, al parecer un vestido puede tener todas esas influencias, como comenta la chica que regenta el puesto. En realidad, eso es poco relevante, lo verdaderamente importante es encontrar esa pieza que te devuelva la sonrisa y el brillo en los ojos

7. Esos tópicos típicos que solo dan pereza.

Bárbara ha quedado con unos compañeros de trabajo. En el grupo que espera en el lugar de cita elegido hay alguien a quien no reconoce, pero pronto descubre que es el amigo de la compañera con la que comparte mesa de trabajo y la cual lleva varios días intentando convencerla de que quede con él, pero Bárbara poco predispuesta a citas mediadas por celestinas, ha declinado todas y cada una de las propuestas muy educadamente.

Cenan todos en el restaurante reservado y después se acercan al bar que hay a escasos metros y que ofrece música en directo todos los viernes. En realidad, el restaurante lo han elegido por la cercanía al bar-musical. Y allí transcurre la velada de manera amena.

Dos viernes después llega al chat grupal un mensaje de Bárbara que dice “Chicas, he decidido darle otra oportunidad a Mario, me ha mandado varios mensajes y me da pena volverle a rechazar. Es cierto que me pareció algo soso el día que le conocí y ya sabéis que yo con eso no puedo, pero igual estaba cortado porque no nos conocía mucho y le estoy juzgando mal. Además, me pareció guapete, eso sí, jejeje, ¡Viva la superficialidad! Voy a quedar con un chico por su físico y lo acompaña de emoticonos varios de caras riendo.”

Alice y Violeta tras animarla, cada una a su modo, ambas coinciden en solicitar cita de chicas posterior con emoticonos guiñando el ojo.

El lunes siguiente han quedado Bárbara, Alice y Violeta a la salida del trabajo en una tetería cercana.

Bárbara llega al local y se sienta en la mesa donde ya están sus amigas charlando animadamente. Casi sin haber dejado el bolso y acomodado en la silla, Violeta recrimina a Bárbara su retraso porque las tiene en ascuas e impaciente le dice que cuente ya.

“Pues la verdad es que fue solo regular, comenzó relatando Bárbara, mi percepción de que era soso era totalmente acertada. Me aburrí mogollón y me costó reprimir mis bostezos por educación. Creo que para él tampoco fue lo que esperaba. No obstante, al final de la noche me dijo que si íbamos a su casa y yo alucinada porque la noche tampoco invitaba a ello, no pude más que improvisar que estaba muy cansada y que los findes aprovechaba para salir a correr temprano. Es la manera más sutil que tengo de rechazar a alguien. Y es que Bárbara, haciendo honor a su nombre, no suele ser aficionada a las medias tintas y es directa y tajante cuando lo tiene claro.

Alice y Violeta preguntaron acerca de la respuesta del chico, pero no había mucho más que contar pues hasta la fecha no había vuelto a tener noticias de él y su compañera de trabajo ni la había preguntado por Mario.

A ver chicas, comenzó diciendo Alice… “yo creo que lo que aquí pasa es que sois muy exigentes” y las tres comenzaron a reír sonoramente y entre carcajadas y lágrimas resbalando por las mejillas se miraron y dijeron a unísono “PEREZA”.

8. Si aprieta, no es tu talla. No es para ti.

Violeta lleva varias semanas dando vueltas a su relación con Bruno, sobre todo desde la llamada que recibió cuando estaba con Bárbara y Alice en El Mercado de Motores. Tema que se convertirá en central en la cena que ha organizado Bárbara en su casa el próximo sábado.

Alice llama al portero automático y un chico con voz sensual responde al otro lado… “¿Bárbara?” pregunta Alice bastante confusa, a lo que el chico responde, “no, aquí no es, pero si la vas a ver le comentas que aún estoy esperando esa botella de albariño en mi terraza bajo el manto de estrellas con la única iluminación procedente de la luna”. “Disculpa” responde Alice que por las referencias intuye que su dedo se ha desplazado un botón más arriba por error. Y vuelve a llamar, esta vez acertadamente y sube para encontrarse con sus amigas.

“Qué bien huele, Bárbara” comenta Alice quien lleva en la mano un Rueda y se lo entrega y añade con tono bromista “No sabía yo que en tu edificio tenías un poeta predispuesto, hay cosas que no nos cuentas y mira a Violeta con un guiño de ojo”. Bárbara con cara de no tener ni idea de lo que habla, y Violeta con mirada inquisitoria hacia la anfitriona de la noche, preguntan intrigadas. Alice procede a contarles la anécdota y Bárbara responde que ya les contará pero que primero urge lo que había empezado a confesar Violeta.

Al parecer Violeta ha pasado más tiempo estas últimas semanas imaginando el reencuentro con Emil que tendrá lugar en un par de semanas, que en el que en principio tiene fechado para el próximo viernes con Bruno.

“A ver, a Emil hace tres años que no lo veo, pero hemos mantenido contacto todo este tiempo y sabéis que siempre he sentido algo especial, aunque sé que no es muy realista pues vivimos a mucha distancia. Por otro lado, está Bruno, llevamos un año y medio, pero nos hemos visto en contadas ocasiones, la última vez hace más de seis meses y he ido perdiendo interés. Cuando pienso en mis vacaciones, las cuales me ilusionan mucho, me siento un poco ahogada porque Bruno, aunque sea en la distancia y en la desilusión, está ahí. Creo que debería hablar con él para ver qué solución ponemos a todo esto porque yo ya no lo veo. No sé qué pretensiones tiene él en Nueva York, pero yo tengo claro que no me voy a ir a vivir allí como me ha insinuado. Me paso más días enojada con él que en sintonía”, confiesa Violeta.

Tras larga conversación durante la exquisita cena preparada por Bárbara y varias copas de vino, llegan a la conclusión de que Violeta ya no siente lo mismo por Bruno, que lo que la llevó a iniciar su relación, se ha disipado en la distancia (física y sentimental) y que, aunque Emil no es el motivo de su desasosiego, sí ha sido la chispa que lo ha encendido. Porque en realidad el malestar está ahí, bloqueando su vuelo, la libertad de soñar, reír y seguir construyéndose como esa mujer que es y desea ser, fiel a aquello de que, si algo te aprieta, no es tu talla. No es para ti.

MSonia Ruiz