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La mujer a lo largo del último siglo.

A propósito del 8 de marzo, fecha en la que se celebra el día de la mujer, me parece interesante hacer un breve resumen de los cambios acontecidos en materia de roles y los derechos conquistados en la búsqueda de la igualdad social. La estructura de dicha presentación será por etapas en torno a fechas o momentos relevantes.

1900-1931: Toda cultura establece una estructura de organización social dentro del grupo. Hay diferentes tipos, pero la más extendida en la zona y tiempo que nos ocupa (occidente y siglo XX) separa ámbito público y ámbito doméstico.

En el primero (ámbito público) es donde encontramos la figura del varón con las funciones políticas, legislativas, administración, entre otras, que es donde reside la verdadera autoridad.

En el caso de las mujeres, desarrollan su labor en el ámbito doméstico fundamentalmente. Desempeñando las funciones de reproducción, crianza y cuidado de la familia.

Aunque en estas primeras décadas hay mujeres que trabajan también fuera de casa, los derechos son los mismos que las que lo hacen únicamente en el hogar, es decir, no tienen mayor poder ni autoridad por trabajar fuera de casa.

1931: Este año tras mucha lucha se conquista el derecho al voto femenino, reconocido en la constitución de diciembre de 1931. Pero vamos por pasos ya que este hecho requirió de tiempo para convertirse en una realidad.

  • Las elecciones a cortes constituyentes celebradas en junio de 1931 se realizan por sufragio universal masculino. No obstante, a las mujeres se les reconoce el derecho a presentarse como candidatas, aunque no a votar, lo que se denomina sufragio pasivo. Tres mujeres resultan elegidas en este proceso (Margarita Nelkenen las listas del Partido Socialista Obrero EspañolClara Campoamor en las del Partido Republicano Radical y Victoria Kent en las del Partido Republicano Radical Socialista).
  • La propuesta de reconocer el derecho al voto femenino (sufragio activo) se aprueba finalmente y tras un largo debate el 1 de octubre de ese mismo año.
  • En el texto de la constitución de diciembre de 1931, se recoge este derecho.
  • En las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933 las mujeres pueden ejercer el derecho al voto adquirido y redactado en la mencionada constitución de 1931.

1936 -75: En este periodo se deroga el sufragio femenino, dando un paso atrás en los logros conquistados. De hecho, se produce un bloqueo en la lucha de la igualdad durante la Guerra Civil y la posterior Dictadura, hasta el punto de reaparecer la figura de autoridad absoluta en el varón.

Si bien es cierto, durante las primeras décadas de este periodo los movimientos de lucha feminista no desaparecen, aunque sí están silenciados. Es a partir de los 60-70 cuando vuelven con más intensidad. Las revueltas y movilizaciones comienzan a sucederse, primero en el resto de Europa tras la decadencia de la 2GM, y posteriormente en España de manera más débil y con bastantes años de diferencia.

La mujer que sigue trabajando en casa, exige la posibilidad de hacerlo también fuera para conseguir cierta independencia. En realidad, nos encontramos que la mujer comienza a trabajar cuando es joven y como apoyo a la economía familiar, y una vez que se casa, deja el trabajo y se dedica a ser esposa y madre.

Al final de la dictadura es cuando se reactivan y visibilizan cada vez más movimientos reivindicativos feministas para proseguir con la lucha pro-derechos ciertamente congelada y silenciada durante más de 4 décadas.

Hay que añadir que durante la dictadura no se ven mermados los derechos únicamente de la mujer sino también del varón en lo que a sufragio se refiere. De hecho, el voto libre tanto masculino como femenino se vuelve a ejercer en 1976 durante la época conocida como Transición.

1970-80:

  • 1975: se produce una reforma del Código Civil en relación con el matrimonio, que comienza a tener más en cuenta a la mujer, aunque el hombre sigue siendo el administrador de los bienes gananciales y la capacidad de administración de la mujer se limita a una pequeña parte, los gastos en las necesidades más inmediatas para el día a día. Es un comienzo pese a la gran discriminación que aún hay. Posteriormente unos años después se amplía y la mujer puede hacer uso de otros bienes sin consentimiento del marido. Los cambios se suceden muy lentamente y con resistencia de parte de la sociedad.
  • 1981: Emancipación real de la mujer por una nueva reforma del Código Civil en materia fiscal, patria potestad y régimen económico en el matrimonio. Es necesario a partir de ahora el consentimiento de ambos cónyuges para la administración de los bienes gananciales.

Así mismo, en este año se legisla el Divorcio, no como lo conocemos hoy, evidentemente. Tiene un proceso, es necesario haber realizado una serie de pasos para poder solicitar el divorcio, requisitos que se han de cumplir en el momento de dicha solicitud, como demostrar por ejemplo que durante un año al menos no se había convivido de manera ininterrumpida, entre otros.

  • 1983: Nace el Instituto de la Mujer con una finalidad clara que encontramos redactada en la propia página de éste. “Por medio de la Ley 16/1983, de 24 de octubre, publicada en el Boletín del Estado el día 26 de octubre, se crea el Instituto de la Mujer, como organismo autónomo adscrito al Ministerio de Cultura, y con la finalidad primordial, en cumplimiento y desarrollo de los principios constitucionales recogidos en los artículos 9.2 y 14, de promover y fomentar las condiciones que posibiliten la igualdad social de ambos sexos y la participación de las mujeres en la vida política, cultural, económica y social.”

A partir de este momento, el instituto de la mujer vela por la consecución del fin para el que se ha creado.

En estas décadas el uso de anticonceptivos también marca un antes y un después. Su uso más extendido en países vecinos comienza a abrirse camino en España y aumenta la información acerca de ellos. Esta circunstancia abre la perspectiva de la posibilidad de decidir sobre la maternidad. Planificar la maternidad permite prolongar el periodo laboral y por lo tanto disfrutar de la independencia durante más tiempo. Ya que, pese a todo, en estos años, si se tienen hijos, su cuidado y crianza sigue recayendo casi totalmente en la figura de la madre y su carrera laboral se ve, como mínimo, importantemente limitada. Y no nos engañemos, esa limitación viene de diversos flancos, algunos de ellos seguro que ya vienen a la cabeza de cada uno/a por la cantidad de veces que se han escuchado o leído en diferentes medios. No obstante, hay una parte que pocas veces se le ha dado demasiada importancia y es la Moral Social Cultural de la época.

La Moral Social Cultural hace que, pese a que haya una legislación renovada que dé nuevas posibilidades y derechos, el grueso de la sociedad siga viviendo en los valores y las normas previas. Todo cambio requiere de tiempo para ser asimilado e interiorizado.

La sociedad sigue siendo represiva, con baja tolerancia a los cambios y el concepto de “normalidad” sigue estando relacionado con la vida inmediatamente anterior al cambio, es decir, acepta y valora ciertas realidades pasadas y ve con malos ojos las nuevas que se vienen reivindicando (pese a que estas últimas son las que habían comenzado a hacer camino hacia la igualdad). Y por supuesto, no hablo sólo de una parte de la sociedad (varones) son las propias mujeres quienes también suponen un freno a la maquinaria que se había puesto en marcha.

El hecho de que aún son pocas en proporción, las mujeres que hacen uso efectivo de esos derechos que se van conquistando, hace patente la gran limitación que supone esa moral que se amarra a tradiciones aun siendo claramente injusta y desigual.

Afortunadamente, con el paso del tiempo, cada vez son más mujeres aquellas que se incorporan al mundo laboral y universitario. Cuando esto va sucediendo, se hace visible otra gran dificultad abriendo una línea más de lucha, la de la conciliación para que la mujer no tenga que elegir entre su carrera profesional y la familia. En lo que a ello respecta, por una parte, nos encontramos con la conciliación laboral, problemática que tiene que ver fundamentalmente con las empresas donde hay que legislar para que los horarios de trabajo permitan mayor flexibilidad y los derechos durante el embarazo y lactancia, entre otros. Pero, por otra parte, hay otra conciliación que es menos visible, la conciliación doméstica. Esta última depende más de la educación, y no tanto de las leyes que aplicar. Y es que, si no aprendemos y aprehendemos que, tanto en el ámbito laboral como el doméstico, ha de haber la misma igualdad, nunca llegaremos a ese fin.

La conciliación doméstica hoy en día sigue siendo una de las asignaturas pendientes en materia de igualdad. No hablo de esa eterna frase “el varón ha de ayudar en casa” sino de varones y mujeres tienen la misma responsabilidad en el hogar. Recientemente he leído una estadística sobre “Corresponsabilidad en el hogar. Trabajo no remunerado” que arroja cifras realmente preocupantes. Casi el 70% de las horas de trabajo doméstico son realizadas por las mujeres (26,5 h/semana las mujeres y 14 h/semana los varones de las 40,5 h estimadas). (Fuente: Eurostat 2017). De poco sirve que el día 8 de marzo nos acordemos de las mujeres y celebremos el día si el resto del tiempo seguimos perpetuando la discriminación de la mujer no sólo en el ámbito público sino en aquel donde no se visibiliza tanto, en el privado o doméstico. Pensémoslo.

Es más que evidente que queda un largo camino por recorrer para lograr la igualdad entre varones y mujeres, pero no quiero concluir este texto sin decir que la meta sólo podrá ser alcanzada si trabajamos en conjunto toda la sociedad, es decir, no tiene sentido que dejemos al margen a la mitad de la población (los varones). Veo con cierta inquietud la cantidad de movimientos que más que luchar por la igualdad, han entrado en guerra con el sexo opuesto, y de ese modo pocos logros positivos pueden conseguirse. En realidad, lo único alcanzable por ese camino es una ruptura en la convivencia entre los sexos, o dicho de otro modo entre sujetos (sin distinción), que resulta ser la base de la sociedad.

Os animo a reflexionar acerca del siguiente ejemplo que creo, representa claramente lo que vengo diciendo.

  • Como ya he mencionado, uno de los hitos más importante que se logró en la lucha de los derechos de las mujeres fue el sufragio femenino (derecho al voto) en 1931. Pues bien, la propuesta que se sometió a votación y dio el reconocimiento de dicho derecho y su posterior redacción en la constitución de ese mismo año, fue aprobada de la siguiente manera: “de los 470 escaños que componían la cámara se recogieron 161 votos a favor, 121 en contra y 188 abstenciones”. Si tenemos en cuenta que en aquel momento la cámara sólo contaba con 3 diputadas mujeres (las nombradas previamente en el artículo) y el resto eran hombres, sólo nos queda entender que en la lucha feminista cuenta toda la sociedad, no solo las mujeres.

 

MSonia Ruiz.

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