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NOSOTRAS. Nuestra vida en relatos.

Si aprieta, no es tu talla. No es para ti.

Violeta lleva varias semanas dando vueltas a su relación con Bruno, sobre todo desde la llamada que recibió cuando estaba con Bárbara y Alice en El Mercado de Motores. Tema que se convertirá en central en la cena que ha organizado Bárbara en su casa el próximo sábado.

Alice llama al portero automático y un chico con voz sensual responde al otro lado… “¿Bárbara?” pregunta Alice bastante confusa, a lo que el chico responde, “no, aquí no es, pero si la vas a ver le comentas que aún estoy esperando esa botella de albariño en mi terraza bajo el manto de estrellas con la única iluminación procedente de la luna”. “Disculpa” responde Alice que por las referencias intuye que su dedo se ha desplazado un botón más arriba por error. Y vuelve a llamar, esta vez acertadamente y sube para encontrarse con sus amigas.

“Qué bien huele, Bárbara” comenta Alice quien lleva en la mano un Rueda y se lo entrega y añade con tono bromista “No sabía yo que en tu edificio tenías un poeta predispuesto, hay cosas que no nos cuentas y mira a Violeta con un guiño de ojo”. Bárbara con cara de no tener ni idea de lo que habla, y Violeta con mirada inquisitoria hacia la anfitriona de la noche, preguntan intrigadas. Alice procede a contarles la anécdota y Bárbara responde que ya les contará pero que primero urge lo que había empezado a confesar Violeta.

Al parecer Violeta ha pasado más tiempo estas últimas semanas imaginando el reencuentro con Emil que tendrá lugar en un par de semanas, que en el que en principio tiene fechado para el próximo viernes con Bruno.

“A ver, a Emil hace tres años que no lo veo, pero hemos mantenido contacto todo este tiempo y sabéis que siempre he sentido algo especial, aunque sé que no es muy realista pues vivimos a mucha distancia. Por otro lado, está Bruno, llevamos un año y medio, pero nos hemos visto en contadas ocasiones, la última vez hace más de seis meses y he ido perdiendo interés. Cuando pienso en mis vacaciones, las cuales me ilusionan mucho, me siento un poco ahogada porque Bruno, aunque sea en la distancia y en la desilusión, está ahí. Creo que debería hablar con él para ver qué solución ponemos a todo esto porque yo ya no lo veo. No sé qué pretensiones tiene él en Nueva York, pero yo tengo claro que no me voy a ir a vivir allí como me ha insinuado. Me paso más días enojada con él que en sintonía”, confiesa Violeta.

Tras larga conversación durante la exquisita cena preparada por Bárbara y varias copas de vino, llegan a la conclusión de que Violeta ya no siente lo mismo por Bruno, que lo que la llevó a iniciar su relación, se ha disipado en la distancia (física y sentimental) y que, aunque Emil no es el motivo de su desasosiego, sí ha sido la chispa que lo ha encendido. Porque en realidad el malestar está ahí, bloqueando su vuelo, la libertad de soñar, reír y seguir construyéndose como esa mujer que es y desea ser, fiel a aquello de que, si algo te aprieta, no es tu talla. No es para ti.

MSonia Ruiz.

Si quieres leer todas las publicaciones de esta historia, las encontrarás en el apartado Relatos

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