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NOSOTRAS. Nuestra vida en relatos.

Una historia que contar tras sus pasos.

Bárbara, Violeta y Alice bajan del taxi que han compartido camino del aeropuerto. Toman sus maletas de mano y se encaminan hacia los controles de acceso. Van con mucho tiempo de antelación pese a no tener que facturar equipaje, pues a Violeta rara es la ocasión en la que no le toca abrir sus bolsas, quitarse el calzado y parte de elementos decorativos como joyas, alfileres, broches o similar que siempre lleva delicadamente conjuntados con el modelo seleccionado, perfecto para la ocasión. Esta vez, no es diferente y tras más de 20 minutos e innumerables paseos a un lado y otro del arco magnético, se dispone a reorganizar sus pertenencias ante la atenta mirada y risas de sus amigas. Cada vez que sucede, suele justificarse pidiendo disculpas y diciendo que para la próxima seleccionará mejor su atuendo para que no pite nada. Alice y Bárbara con un gesto, en cara y ojos, de “no te lo crees ni tú” la tranquilizan diciendo que la aceptan y quieren con todas sus peculiaridades y afirman que el tiempo de antelación es justo para estas cosas.  De hecho, siguen teniendo tiempo suficiente para tomarse un café y dar una vuelta por las tiendas, donde casi nunca compran nada, pero les gusta ojear.

Llegan a la puerta en embarque justo cuando la tripulación del avión que las llevará a Londres, están entrando y abriendo el acceso. En poco tiempo se encuentran sentadas en sus respectivas localizaciones con sus maletas ubicadas donde corresponde, esta vez han conseguido que sea cerca de sus asientos y Bárbara comenta “estas aerolíneas “low cost” cada día hacen los compartimentos más pequeños, dentro de poco, la mayoría del equipaje de mano acabarán en la bodega y la comodidad de tener todo cerca, se esfumará”. Violeta afirma “yo ya sabéis que preferiría facturar siempre, así no tendría que jugar al “Tetris” cada vez que hago esta diminuta bolsa. Lo aborrezco” y finalmente Alice con un ligera sonrisilla apunta “creo que este es un ejemplo más de que nos estamos haciendo mayores, como os decía antes. Cada vez ponemos más pegas a cosas que antes ni nos importaban” y las tres ríen al darse cuenta de que en efecto, eso es precisamente lo que hacen y deciden centrarse en el plan de su viaje de 5 días y dejar atrás esos problemas nimios “del primer mundo” como suele denominarlos Alice.

Cuando van a Londres, que casi siempre cuadra como mínimo una vez al año, repiten rutina. Allí sienten que están en una especie de segunda casa y vuelven con instantáneas obligadas que guardan en el álbum que representa su vida juntas. Se ha convertido en un ritual, sentarse a ver las fotos de todas y cada una de las visitas a la ciudad y observar cómo han ido cambiando ellas con un mismo marco de fondo, un “selfie” a orillas del “River Thames” con el “Tower Bridge” de fondo.

Allí se encuentran dispuestas a tomar esa imagen para el recuerdo y sentadas disfrutando de las vistas, comienzan a recordar que en ese paseo han vivido experiencias de muchos tipos, y entre risas siempre sale a relucir la que se convertiría en una de las más relevantes, cuando en su primer viaje Bárbara conoció accidentalmente al que sería su “marido de juventud”. Ella iba de espaldas buscando el encuadre perfecto para la foto y acabó tropezándose y cayendo sobre Dave. El motivo de la unión fue una larga historia que poco o nada tenía que ver con el romanticismo. Y duró más de lo previsto por pereza y por distancia geográfica de los dos contrayentes. Aún siguen preguntándose cómo pudo ser capaz de hacerlo y Bárbara siempre responde lo mismo “era joven, inconsciente”. En el fondo todas están de acuerdo en que, de alguna manera, echan de menos esa época de juventud un poco inconsciente, chicas atrevidas sin mirar demasiado las consecuencias y sin más responsabilidades que las de reír sin límites y experimentar (esto sí tenía algunos límites).  No volverían atrás, pero se sienten felices de que haya una historia que contar tras sus pasos a lo largo de su existencia.

MSonia Ruiz.

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