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NOSOTRAS. Nuestra vida en relatos.

Disfrutando de un momento dulce.

Tras un mes en su tierra, su amada Asturias, Bárbara regresa para enfrentar la realidad de la maternidad en la que era su habitual rutina. Pero no lo hará sola, en el viaje en coche con su pequeña, a la que no deja de mirar constantemente, Jaime la acompaña. Y una vez llega a su ciudad de adopción, ya su hogar después de casi tres décadas viviendo en ella, le está esperando su familia elegida. Alice y Violeta están en la recién decorada y estrenada casa de Bárbara, dispuestas a darles la mejor bienvenida a Bárbara y a Lucía. Están a punto de comenzar a escribir un nuevo episodio de su vida. El hilo conector no cambia, pero su realidad sí lo hará y mucho.

Jaime abre la puerta y deja pasar a Bárbara, que lleva a Lucía en brazos. Va acunándola y cantando suavemente una nana. Se dirige directamente a la habitación de la pequeña, pero algo que ha visto al pasar por delante de la puerta del salón le hace retroceder unos pasos. Sus amigas están allí sonrientes y en silencio sujetando con sus manos un gran “¡Bienvenidas!” lleno de corazones y chupetes. Se miran las tres unos instantes, sin decir nada con palabras, pero mucho con los ojos y el gesto en sus rostros.

Se acercan y abrazan con mucho sentimiento y contemplan largamente al bebé que duerme plácidamente en brazos de su madre.

Jaime, que ha dejado ya las maletas y demás bultos en sus respectivas ubicaciones, saluda y mantiene una breve conversación con las tres amigas. A continuación, se despide comentando que irá a dar un paseo, ya que le apetece y porque además cree que se merecen compartir este momento solo ellas juntas. Da un tierno beso primero a Bárbara en los labios y otro en la frente a Lucía.

Una vez ha salido de la casa, Violeta y Alice comentan que se les ve radiantes a ambos, y que a él también se le nota muy ilusionado. Bueno, radiantes pese a las ojeras, matizan ambas entre risas.

Bárbara sonríe con ojitos de “todo está de maravilla” y, mientras coloca en el balancín a Lucía, comenta lo cansada que sigue estando, pero lo poco que la molesta. Sabe que tiene que ver con no dormir demasiadas horas seguidas “creí que lo iba a llevar peor, ya sabéis que soy de descansar larga y placenteramente. Es un vicio que me ha acompañado siempre, salvo circunstancias concretas, pero el caso es que en estos momentos y contra todo pronóstico, siento que no necesito nada más que ver a Lucía con sus necesidades cubiertas. Por el momento no ha aflorado mi rebeldía de mujer con espacio propio en el que la protagonista soy únicamente yo. Supongo que es cuestión de tiempo, y también de que me toque volver a trabajar.” “Ni lo dudamos, será más pronto que tarde” comenta Alice con rotunda seguridad. Violeta da la razón a Alice y añade “y nos alegramos de que así sea, esa actitud ante la vida te define, te hace especial y nosotras la necesitamos. Tu fortaleza nos guía, nena. Por cierto, ¿Qué tal tu prima Paula?,¿Cómo ha llevado separarse?” a lo que Bárbara responde “Paula está bien, ya muy recuperada, aunque muy triste. Hemos quedado en que vendrá todos los meses una vez. He insistido en que también tiene que centrarse en el instituto. Que el tiempo va a pasar muy rápido y si lo hacemos bien, solo serán dos años hasta que empiece la universidad, que será aquí. Así es que iremos ajustando los viajes sobre la marcha.” A las dos amigas les parece muy buen plan y ofrecen su apoyo para todo lo que necesiten.

“Bueno mis chicas, comienza diciendo Bárbara, hoy iniciamos una página en blanco, pero con muchas páginas atrás escritas y compartidas. Me encanta saber que ahora ya estamos aquí juntas y que nos iremos adaptando y Lucía se adaptará a nosotras. Por el momento os propongo que disfrutemos de este momento tan dulce. De eso y de ir organizando los planes que se nos avecinan, que ni son pocos, ni de poca importancia.” Alice y Violeta con un bravo y un aplauso suave, dan por bueno el planazo de Bárbara. Se levantan ambas y Alice trae tres vasos con hielo y Violeta saca el Baileys del bolso, mientras comentan que se percataron de que no había en la casa y que por supuesto, no podía faltar. En ese momento tiene lugar el primer brindis de la página en blanco.

MSonia Ruiz.

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